Cajal se lamentaba por no conocer esta vía de transmisión y reconocería que habiendo quemado estos vegetales que contenían las larvas de los mosquitos y colocando mosquiteras en las camas de los soldados, se hubieran salvado muchísimas vidas.
En 20.000 cifró el científico las víctimas debidas directamente a las trochas: “¡Asombra e indigna reconocer la ofuscación y terquedad de nuestros generales y gobernantes, y la increíble insensibilidad con que en todas épocas de ha derrochado la sangre del pueblo!”, exclamaría posteriormente.
Cajal recordaría años después: “¡Cuán terrible es la ignorancia! Si por aquella época hubiéramos sabido que el vehículo exclusivo de la malaria es el mosquito, España habría salvado miles de infelices soldados, arrebatados por la caquexia palúdica en Cuba o en la Península. ¿Quién podía sospecharlo?… Para evitar o limitar notablemente la hecatombe, habría bastado proteger nuestros camastros con simples mosquiteros o limpiar de larvas de Anopheles las vecinas charcas”.
Adolfo García Sastre: Catedrático y director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes en la Facultad de Medicina Monte Sinaí, Nueva York.
Contribución al conocimiento de los centros nerviosos de los insectos
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