Orlando Jorge Castellano Benítez Investigador del Instituto de Neurociencia de Castilla y León Salamanca, a 17 de junio de 2024

En esta muy breve reseña no pretendo, ni tampoco puedo escribir de forma concienzuda sobre una figura de la talla de Santiago Felipe Ramón y Cajal. Solo intentaré emborronar unas cuartillas para divulgar algunas ideas, basándome casi exclusivamente en lo que relata el propio sabio en sus memorias, específica y concretamente en lo referido con su estancia en Cuba1. También haré un sucinto recorrido sobre el devenir de las Neurociencias en esa maravillosa isla del Caribe después del año 1959, tras más de 8 décadas de la estancia de Cajal allí. Finalmente, me tomaré la atribución de hacer una libre y atrevida interpretación que permita establecer una posible -aunque ficticia- vinculación de ambos hechos.

Nada mejor que auxiliarme de su excelente prosa, lo cual, en conjunción con su maravillosa mente, brinda una imagen nítida que refleja fielmente sus peripecias en la mayor de las Antillas. De los tantos pasajes revisados, solo haré uso de unos pocos y a veces de forma inconexa, pero todos han sido escritos de puño y letra por el sabio, que, junto con algunos comentarios, me permitirá ilustrar lo pernicioso y en general, contraproducente que ello resultó en la existencia de maestro, teniendo en cuenta que producto de los peligros que corrió su vida, su salud resultó seriamente dañada, hasta su libertad, su prestigio y su reputación profesional estuvieron en juego y como mal menor y anecdótico, también propició el fin de un amor de juventud. Por tanto, pienso que objetivamente no se puede destacar nada sustancialmente positivo de su estancia en Cuba, excepto quizás, algunas enseñanzas, que, por efectos de los golpes recibidos, pueden haber influido en moldear su carácter y personalidad.

Para los poco avezados con la figura de Santiago Ramón y Cajal, en unas pocas líneas comentaré que fue un eminente científico español que vivió entre 1852 y 1934, desarrollando su carrera profesional principalmente en Madrid, creando allí una prestigiosa escuela, cuyos discípulos han continuado su legado tanto en España, como en otros lugares del mundo, dicha escuela desde 2017 forma parte del Patrimonio de la Humanidad2. Por su encomiable labor investigadora y sus notables aportes a las Neurociencias, recibió numerosos e importantes reconocimientos y premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Nobel en Fisiología o Medicina en el año 1906, por todo ello y por lo revolucionario y trascendental de sus descubrimientos, es considerado el padre de las Neurociencias moderna y su figura cumbre.

En cuanto a lo que nos ocupa, contando con tan solo veintidós años el Capitán Médico de la Sanidad Militar del Ejército Español Santiago Ramón y Cajal arribó al puerto de La Habana el 17 de junio de 1874, hace exactamente hoy 150 años, regresando a España el 16 de junio de 1875, casi al año exacto de su salida de ese país.

Una tropa española de refuerzo llegando en un vapor al puerto de La Habana, Cuba, el 15 de octubre de 1875, durante la guerra de los Diez Años. La Ilustración Española y Americana
Una tropa española de refuerzo llegando en un vapor al puerto de La Habana, Cuba, el 15 de octubre de 1875, durante la guerra de los Diez Años. La Ilustración Española y Americana

El joven médico llegó a la ultramarina región de Cuba en pleno auge de la heroica Guerra de los 10 Años, que libraba la isla para conseguir su independencia del imperio español. Su participación en dicha guerra estuvo originada primero, como obligación por cumplir con su deber patriótico para con su país -que en aquellos momentos también lo era Cuba-, pero un poco también para complacer sus ansias de joven inquieto y aventurero. Las vicisitudes atravesadas por el joven médico fueron variadas, originadas principalmente por el quebranto de su salud a causa de contraer paludismo y su posterior agravamiento, mientras que, por otro lado, también por los acuciantes problemas organizativos, logísticos, económicos y agravados por la falta de moralidad y por las corruptelas del ejercito al cual pertenecía el capitán médico Ramón y Cajal

Imagen de Ramón y Cajal al poco de ingresar en el Ejército
Imagen de Ramón y Cajal al poco de ingresar en el Ejército

Tras unas magníficas primeras impresiones a su arribo al país, como refleja aquí Cajal:

Acerca de mis emociones de turista en la capital de las Antillas, concretareme a decir que todo atraía mi curiosidad y en todo hallaba motivo de asombro y enseñanza. La extraña mezcla de razas circulantes por las calles; la suntuosidad de los parques, donde además de flores peregrinas y de pitas gigantes, crecía la altísima palmera real; los sabrosos frutos del país, como el plátano, el coco, el mango y la piña; los árboles frondosísimos de hoja perenne, entretejidos de bejucos o lianas trepadoras; un cielo tan pronto azul como gris, pronto a desatarse en furiosos aguaceros; y por encima de aquella Naturaleza desbordante, que parecía cantar un himno a la alegría de vivir, el padre sol cayendo a plomo, y como plomo derretido sobre nuestras cabezas…

Santana Carbonell, Francisco. «Retrato de Santiago Ramón y Cajal»
Santana Carbonell, Francisco. « ». El Consorcio del Castillo de San Pedro (Ciudadela de Jaca) ha ampliado su colección museística con una nueva obra donada por Pedro Ramón y Cajal al Ejército de Tierra. Es una creación artística dedicada al capitán médico Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina en 1906, realizada por el pintor valenciano Francesc Santana Carbonell, embajador de la Marca Ejército.

Ya desde esos mismos inicios se podía vislumbrar que no todo sería color de rosa como esperaba el joven capitán, con un alma intranquila y ansiosa de experimentar emociones intensas, con tintes quijotescos y así refiere:

En algunas cosas, no obstante, sufrí desilusión; por ejemplo: en las famosas selvas vírgenes, tan celebradas por los poetas románticos. Ante mis interrogaciones reiteradas, las gentes del país me señalaron la manigua. Pero la impresión causada por ésta fue insignificante. En vez del bosque milenario, no profanado por planta humana, me encontré con vulgar matorral sembrado de arbustos y pequeños cedros y caobos creciendo en desorden. Consoleme hasta cierto punto, considerando que las necesidades de la colonización habían impuesto el descuaje de la primitiva selva. ¡Lástima no haber arribado cuatro siglos antes, cuando los compañeros de Colón hallaron tantas excelsas virginidades!…

De la fauna quedé también mediocremente satisfecho. Escaseaban los animales indígenas, y los que veía resultaban poco imponentes. Ni un jaguar, ¡ni siquiera una triste serpiente de cascabel!…

Pero una vez iniciada su actividad profesional en la provincia de Camagüey, a más de 500 km de La Habana, es cuando rápidamente comienza a desatarse el calvario que el maestro vivió en la isla, además de trasmitir una idea de los acontecimientos ocurridos, se destacan rasgos claves de su carácter y de los valores que, siendo aún muy joven, ya tenía fuertemente entronizados. En sus memorias podemos leer:

Quise correr mi suerte o, mejor dicho, la suerte que no quisieron correr mis compañeros; los cuales, harto más prácticos y ajenos a mis escrúpulos, removieron cielo y tierra para asegurarse las plazas de hospital, verdaderas sinecuras, o, en su defecto, las de médico de batallón. Para los tontos o desvalidos quedaron reservadas las enfermerías de la manigua y de las trochas, estaciones aisladas, de difícil aprovisionamiento y extraordinariamente insalubres.

Adivinará fácilmente el lector que la enfermería que yo debía regentar era de las más peligrosas y aisladas: la de Vista Hermosa, perdida en plena manigua, dentro del distrito de Puerto Príncipe, en medio de un país asolado y despoblado por la guerra.

La Ilustración Española y Americana, Isla de Cuba, Un combate en la manigua
La Ilustración Española y Americana, Isla de Cuba, Un combate en la manigua.

Ya en pleno ejercicio de sus de sus funciones, tras una breve pausa, demostrando su responsabilidad y su disciplina refiere:

Al principio, no obstante, la fatiga y las emociones inherentes al cuidado de tantos enfermos, lo pasé bastante bien, amenizando mis ocios con la lectura, el dibujo y la fotografía. Por fortuna, conforme dejo apuntado, he soportado bastante bien la ausencia de vida social, gracias al noble vicio pictórico y a mi afición por la lectura.

Retrato del capitán médico Santiago Ramón y Cajal realizado por Izquierdo Vives en 1874. Museo del Ejército de Toledo
Retrato del capitán médico Santiago Ramón y Cajal realizado por Izquierdo Vives en 1874. Museo del Ejército de Toledo

Pero finalmente se desata lo peor y más peligroso de la estancia del genio, no obstante, a pesar de estar en peligro real de muerte por la enfermedad y además, por la acciones militares, aflora su recio carácter aragonés, su optimismo, su fortaleza y especialmente su valentía, como se demuestra inequívocamente en sus palabras:

Al fin flaqueó mi resistencia y enfermé de paludismo. Nubes de mosquitos nos rodeaban: además del Anopheles claviger, ordinario portador del protozoario de la malaria, nos mortificaban el casi invisible gegén, amén de ejército innumerable de pulgas, cucarachas y hormigas. La ola de la vida parásita se encaramaba a nuestros lechos, saqueaba las provisiones y nos envolvía por todas partes.

Mi vida estaba tan seriamente amenazada como la de los infelices soldados disentéricos, tuberculosos y palúdicos que morían en torno mío; y, con todo eso, abrigaba tal confianza en la fortaleza de mi constitución, que, en cuanto abonanzaban los síntomas, aprovechaba mi forzoso reposo en aprender el inglés…

Arrojeme de la cama, vestime sumariamente, y me informaron de que cierta partida enemiga, emboscada en el vecino manigual, trataba de sorprendernos. En efecto, vislumbrábase entre los árboles agitación de jinetes y peones, la mayoría negros y mulatos. Apercibido a tiempo el jefe de nuestro poblado, tomó rápidamente medidas defensivas, y, lleno de interés hacia mí, me ofreció amparo en la fortaleza.

—No tenga usted cuidado —le dije—. Si los mambises atacan el hospital, sabremos defendernos; en todo caso, mi deber es permanecer al lado de los enfermos.

Fotografía de Pérez Argemí, de una sala del hospital militar Alfonso XII, en La Habana (Cuba). Malaria, disentería, viruela, tuberculosis, fiebre amarilla, etc., masacraron al ejército. Archive Collection
Fotografía de Pérez Argemí, de una sala del hospital militar Alfonso XII, en La Habana (Cuba). Malaria, disentería, viruela, tuberculosis, fiebre amarilla, etc., masacraron al ejército. Archive Collection.

Ya de por sí enfermar de paludismo en esa época era algo muy peligroso, pero las cosas se complicaban aún más:

Mi enfermedad, como dejo apuntado, marchaba de mal en peor. En vista de lo cual, solicité del inspector de Sanidad de Puerto Príncipe un mes de licencia. Aunque con dificultades y regateos de tiempo (faltaba personal para reemplazarme), se me otorgó al fin. En realidad, había caído en ese estado de decadencia orgánica conocido con el nombre de caquexia palúdica, que debía prolongarse muchos años, y de cuyas lejanas repercusiones morbosas soy todavía víctima.

En su estancia, muy pocas cosas halagüeñas le ocurrieron al sabio en la isla caribeña, entre ellas, su estancia en la ciudad de Camagüey y lo relata así:

Mes y medio permanecí en la ciudad. Fue la época más agradable de mi estancia en Cuba. Todas las tardes concurrían al Café del Caballo Blanco, entre otros camaradas, Joaquín Vela y Martín Visié, excelente amigo y condiscípulo.

Su disciplina y rectitud se ponen de manifiesto en este párrafo:

No obstante mis andanzas por cafés, casinos y tertulias caseras, tuve la entereza de resistir a los cuatro grandes vicios de nuestra oficialidad: el tabaco, la ginebra, el juego y la venus. Verdad que no estaba yo para trotes.

También critica ampliamente los serios problemas que minaban al ejército español de la época, aquí solo un ejemplo:

El alcoholismo, sobre todo, hacía estragos en el ejército. Del coñac y de la ginebra, mejor aún que del vómito, podía decirse que eran los mejores aliados del mambí. Fumando de lo más caro, y bebiendo ginebra y ron a todo pasto, no era extraño que muchos jefes y oficiales decayeran física y moralmente. Además, retenidas las pagas, pasaban apuros económicos.

También refiere otras dificultades, específicamente económicas, que afronta él y otros que se encontraban en situación similar:

Tocante al cobro de las pagas reinaba desigualdad irritante. Los médicos militares de servicio en las capitales percibían puntualmente sus haberes; para los médicos de batallón solían retrasarse algo, si bien disponían del recurso de percibir anticipos de la caja del regimiento o de empeñar pagas devengadas en casas de comercio; pero los pobretes que prestábamos servicios en trochas o en enfermerías de campaña, dependíamos en lo económico de la Habilitación general de la Habana, y, sin relaciones de amistad con el comercio de las ciudades, quedábamos frecuentemente desamparados.

La fortaleza física del genio, entre otras cosas por su afición al deporte, y una vez más, quizás producto de la causalidad y posiblemente a algún poder sobrenatural, su vida no se truncó ni quedó inútil, como si ocurrió con la de poco menos de 75 mil militares españoles que participaron en la contienda, lo cual pudo posibilitar que el genio edificase su obra científica y docente, pues en uno de sus destinos asignados, la posibilidades de salir indemne era muy escasas, como el lector pude apreciar en este párrafo:

Uno o dos meses de destierro en San Isidro considerábase recurso heroico capaz de domar las más inveteradas rebeldías. Se decía, y no a humo de pajas, que, acabada la suave condena, los oficiales levantiscos gozaban la más dulce de las tranquilidades: los unos, por haber muerto; los otros, por yacer impotentes en el lecho del dolor…

Hasta el mismo Cajal podría haber sido blanco de ataques y agresiones, por criticar el descontrol y la corrupción existente en el ejercito:

Otra persona más cavilosa que yo habría temido un envenenamiento.

Pero no solo a ese nivel pudo correr riesgos el sabio, los problemas por salvaguardar su autoridad y por proteger las condiciones higiénicas de reciento médico, al impedir que su superior metiese caballos junto a los enfermos, le pudo costar su libertad, su prestigio y su futuro profesional como se trasluce de estas letras:

… el jefe me instruyó sumaria por insubordinación y amenazas a la autoridad. Comenzaron, pues, las actuaciones. Los folios crecían como espuma. Mi superior jerárquico propaló la especie de que no había de parar hasta mandarme a presidio.

Mas al fin ocurrió lo que era de esperar. En cuanto, por mis declaraciones y denuncias, conocieron las autoridades de Puerto Príncipe las escandalosas filtraciones y los abusos de autoridad consentidos o cometidos por el jefe militar de San Isidro…

Pero su firmeza, su valor, su sentido del deber y de la justicia triunfaron:

… yo salí con mi empeño de purificar, en lo posible, la administración del hospital. En lo sucesivo, irregularidades, malversaciones y chanchullos, si los hubo, redujéronse a un mínimo tolerable.

Un hecho, que derivado de su estancia en Cuba podría haber sido de alguna manera positivo, mencionado en algunos escritos sobre Cajal3,4,5, relacionado con la adquisición de sus primeros equipos (un microscopio y un micrótomo) y reactivos, financiados con parte de ingresos conseguidos en Cuba resulta poco probable, primero por el casi seguro elevado precio de esos elementos en aquellos años y segundo y principalmente, por lo que se aprecia en estos apuntes que demuestran su precaria situación financiera al abandonar la isla, donde Cajal, además de una crítica más, apunta:

A causa de la orgía administrativa reinante, corría riesgo de pasar en la Habana un par de meses, ocupado en la liquidación de mis haberes, cuando precisamente mi estado exigía la más rápida repatriación. A fin de prevenir tan grave contratiempo, un mes antes tuve la previsión de escribir a mi padre. En la carta pintábale sinceramente mi aflictiva situación y le rogaba el envío de dinero. Llegada la letra, y ya más tranquilo, consagreme a gestionar del Habilitado el cobro de mis atrasos. Al pronto rehusó pagarme, a pretexto de que la consignación del último trimestre no había sido hecha efectiva; pero, a fuerza de súplicas y porfías, conseguí liquidar mis haberes, no sin dejar en las garras del aprovechado funcionario un 40 y hasta un 50 por 100 del importe de aquellos. Así y todo junté, sin contar con el dinero de mi padre, cerca de 600 pesos, con que enjugué pequeñas deudas y adquirí lo necesario para el regreso.

También resulta dudoso el hecho que antes se cuestiona, y que también se sitúa en 18776 y porque su afición a la ciencia surge muy posteriormente a su regreso de Cuba, mientras su “reconciliación” con la Anatomía y la Histología tiene lugar posiblemente cuando ya tenía cierta solvencia económica:

Con esos cargos (1.000 pesetas de haber anual) y el producto de algunos repasos privados de Anatomía ganaba lo bastante para no ser enteramente gravoso a la familia.

Lo que sí es totalmente inequívoco son las actitudes mostradas por el maestro ante las numerosas situaciones limites vividas en la isla, que demuestran claramente sus férreos principios y valores, que desde muy joven ya regían su actuar en la vida, los que, sin dudas, fueron aplicados durante su dilatada carrera profesional y son parte indisoluble de su éxito.

Santiago Ramón y Cajal coloreado por Joaquín Rivera Chamorro
Fotografía hecha en Puerto Príncipe, después de convalecer del paludismo contraído en Vista - hermosa. Santiago Ramón y Cajal coloreado por

La larga sombra de la estancia ultramarina del maestro llegó hasta el plano amoroso, su relación con la novia que había dejado en su patria también acabó, por temores nada infundados que el mismo Cajal reflejó en sus memorias:

Véase, pues, cómo el protozoario del paludismo contraído en servicio de mi patria dejome primero sin sangre, y después sin novia.

Convengamos en que la perspectiva de viudez prematura en plena pobreza tiene poco de agradable.

Por lo demás, las secuelas sufridas por el entonces Capitán Médico en Cuba fueron arrastradas durante muchos años, si no durante toda su vida:

Aunque no recobré la antigua pujanza ni logré sacudir enteramente la anemia palúdica, repusiéronme mucho el aire de la tierra, alimentación suculenta y los irreemplazables cuidados maternales. De tarde en tarde, recidivaba la fiebre; pero ahora la quinina mostrábase más eficaz.

El autor (1877), de regreso a España y con reliquias de la caquexia palúdica

Finiquitada su carrera militar, apoyándose en su experiencia personal durante la práctica médica en la campaña, sumado su delicado estado de salud y gracias a los valiosos consejos paternos, el sabio decidió que su futuro pasaba por la enseñanza. Repasando su vida y por ser ejemplo incuestionable de polimatía, seguro que a cualquier cosa o campo del saber que se hubiese dedicado, habría conseguido un éxito rotundo; afortunadamente se dedicó a profundizar en el conocimiento del sistema nervioso y del cerebro, lo más complejo que sin ninguna duda tiene el ser humano. En ese campo con sus aportes adelantó posiblemente décadas y revolucionó los conocimientos existentes, gracias a ello, los beneficios aportados a la humanidad y a los que nos dedicamos a ese campo han sido si ninguna duda inconmensurables.

Sobre el otro tema que aquí nos ocupa, las Neurociencias en Cuba, transcurridos unos 85 años del inicio de la visita del genio al país, desde el 17 de junio de 1874 hasta el 1 de enero de 1959, contra todo pronóstico el espíritu de Cajal, tal vez, como una semilla divina que germina después de tanto tiempo, las Neurociencias resurgen con una poderosa fuerza en esa isla tropical. En unos pocos años, numerosas instituciones y grupos intensificaron la batalla de curar o paliar las alteraciones del sistema nervioso en los seres humanos, mientras que otros, surgieron y se desarrollaron para emprender el camino de desentrañar los misterios más elementales de ese complicado sistema, que rige los designios del ser humano y, por tanto, también de la humanidad.

Santiago Ramón y Cajal coloreado por

Emborronando cuartillas sobre Cajal y Cuba, aunque en este caso específicamente no relacionado directamente con las Neurociencias, quiero hacer mención especial al eminente médico (especializado en Urología) y también gran humanista Enrique Lluria Despau, que quizás ha sido el único cubano discípulo y además, amigo personal de Cajal durante al menos una década, quien prologó su libro “Evolución super-orgánica: La naturaleza y el problema social” 7, en las más de 10 páginas de ese prólogo se pueden apreciar los elogios al quehacer científico del Dr. Lluria, pero además, se trasluce la gran faceta humanista del sabio y sus profundas ideas sociales.

Continuando con el importante desarrollo de las Neurociencias en Cuba, como son tantos y tantos lo protagonistas y muchos con un papel muy relevante, no deseo ni puedo hacer un listado rigurosamente justo, ni tampoco correr el riesgo de dejar de mencionar personas y menos personalidades, así prefiero señalar instituciones y muy excepcionalmente algunas personas:

El Instituto de Neurología y Neurocirugía (INN), fundado el 29 de enero de 1962, sin dudas es el centro rector de todas entidades que se dedican fundamentalmente a las Neurociencias clínicas en el país, es posiblemente la institución con mayor tradición y reconocimiento en investigación y docencia, con figuras de renombre internacional y es cuna de ilustres neurocientíficos a través de generaciones.

Santiago Ramón y Cajal coloreado por Joaquín Rivera Chamorro

El Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana (ISCMH), que aglutina a 15 facultades de Medicina en esa ciudad y sus hospitales docentes, también experimentó un importante resurgir de las Neurociencias. Especial mención se debe hacer al Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas (ICBP “Victoria de Girón”) y sus varios grupos de investigación, forja de numerosos neurocientíficos enfocados fundamentalmente a las investigaciones básicas. No sería justo dejar de mencionar que aquí, en esta institución, surgió y actualmente se custodia con especial mimo la Catedra Santiago Ramón y Cajal (CSRC), constituida el 6 de diciembre de 2011, gracias al tesón de la recientemente desaparecida Profa. Belén Z. Iglesias Ramírez.

El Centro Nacional de Neurociencias de Cuba (CNEURO), con una extensa y reconocida tradición de trabajo en varios campos dentro de las Neurociencias y con una labor muy destacada en Neurotecnologías.

El Hospital Psiquiátrico de la Habana, con logros incuestionables a nivel clínico, docentes, investigativos y también humanos en el tratamiento de las afecciones que afectan la salud mental. Interesantemente, los orígenes de esa institución se remontan a 1857 (con el nombre de Casa General de Dementes de la Isla de Cuba), con lo cual, durante la estancia de Cajal en Cuba, ya ese centro estaba en funcionamiento.

El Centro Nacional de Rehabilitación “Julio Díaz”, que, de ser una entidad prácticamente caritativa en sus orígenes en el año 1957, adquiere un considerable desarrollo en la década de los años 60, incorporando novedosas técnicas y métodos basados fundamentalmente en modular la actividad del sistema nervioso.

Centro Internacional de Restauración Neurológica, posiblemente la institución más “joven” de los centros dedicados al quehacer neurocientífico en Cuba, aunque ya cuenta con 35 años de fundada (el 26 de febrero de 1989), con una amplia trayectoria clínica e investigativa, pionera en el empleo de técnicas novedosas a nivel mundial.

El inexplicablemente ya extinto Instituto de Investigaciones Fundamentales del Cerebro (el querido INIFUNCE), un centro casi ideal por su concepción, funcionalidad y también por las líneas de trabajo de los grupos que lo conformaban, fue también fue horno donde se coció intensamente una parte importante de las Neurociencias cubanas.

La Universidad de La Habana (UH), específicamente en su Facultad de Biología, se pueden destacar investigaciones de tipo fundamental de elevada importancia. 

Soy consciente de que no son ni mucho todas las instituciones, además, fuera de la capital cubana, también existen variados grupos e instituciones que hacen importantes aportes al desarrollo de las Neurociencias en el país, también se destacan estudiosos de la figura y la obra de Cajal, que han realizado trabajos loables, pero por mi falta de información precisa sobre ello, no me atrevo a profundizar en el tema.

Tampoco quiero dejar de mencionar que también fuera de Cuba, hay neurocientíficos que igualmente forman -o formamos- parte de ese gran desarrollo antes referido de las Neurociencias cubana, que, como ciencia al fin, no tiene ni fronteras, ni tampoco otros límites que no sean los de desvelar los secretos que hoy desconocemos de ese complicado y apasionante sistema que es el nervioso.

Por ser un humilde y modesto neurocientífico que apela principalmente a sus dulces recuerdos y a su memoria sobre estos temas, muy a pesar de las carencias sobre asuntos organizativos y también, de la segura desactualización en temas administrativos, espero no herir sensibilidades, si así fuere, ruego mis más sinceras disculpas, pues en todo lo que anteriormente refiero, seguro que hay muchos y muy importantes elementos que omito, también por negarme a hacer un listado de nombres, así como por cualquier otro error u omisión de instituciones y por su orden de mención, que no obedece a la importancia de la institución y además, por los escuetos comentarios sobre cada una de ellas, que se hace solo con el propósito de no extender demasiado estas letras.

Confío en que el lector sea perfectamente capaz de ver y comprender la verdadera magnitud del desarrollo alcanzado por las Neurociencias en la isla, así como el apoyo que brindó el país en aquellos inicios, desde su máxima dirección durante esos años, pasando por los Ministerios de Salud, de Educación, la Academia de Ciencias de Cuba, entre otras instituciones a esa rama del saber. No creo que yerre en cálculos si cuento por más de una veintena las instituciones y por miles las personas que de una u otra manera se dedican y apoyan las diferentes ramas de las Neurociencias en el país.

Fuente: Desconocida

Con un saldo totalmente negativo y diría que casi fatídico de la visita de Cajal a Cuba y en un lapso tan extenso de tiempo, considero que resulta imposible encontrar una relación real y objetiva con el desarrollo de las Neurociencias experimentado en el país 80, 90 o incluso más de 100 años después.

Temo también que tras el recuento de las instituciones al servicio de la Neurociencias antes realizado, pueda resultar pretencioso y a la vez ignorante por mi parte, afirmar que ninguna otra rama de las ciencias ha florecido tan vigorosamente en el país después de 1959, y por ello, especular si eso de alguna manera tiene un vínculo con la visita del sabio a la isla, en caso de ocurrir, ello solo podría explicarse por fuerzas divinas y celestiales, si es que existen, pues objetivamente no hay ninguna explicación lógica para que en una pequeña cálida y alegre isla tropical, exista hoy un elevado nivel de desarrollo en el estudio del sistema nervioso en variadas de sus áreas.

Santiago Ramón y Cajal en dos épocas de su vida: El año que recogió el Premio Nobel (1906), y con uniforme de capitán médico en los años que estuvo destinado en Cuba, pintado por Izquierdo Vives, en 1874, expuesto en el Museo del Ejercito (Toledo). Fotografía: .

Como resumen y aun debatiéndome entre lo terrenal y lo divino, quiero concluir este escrito aventurándome a expresar una opinión muy personal: muy a pesar del incuestionable saldo negativo de la visita de Cajal a Cuba, hoy, 150 años después de ese hecho, me atrevo a asegurar que el maestro estaría orgulloso y honrado de que el país que conoció sumido en una terrible guerra y donde casi se deja su vida, además después de transitar por períodos oscuros de su historia, ese país, situado justo en el corazón del Mar Caribe y con todas las implicaciones que ello conlleva, incuestionablemente puede presumir de una destacada y envidiable trayectoria científica en una especialidad tan compleja como las Neurociencias. Considero igualmente que es deber de todos, absolutamente de todos, alimentar esa llama por todas las vía y medios posibles, desde cualquier rincón del planeta y sin ningún reparo, para potenciar la investigación científica y particularmente las Neurociencias, con el firme propósito de conseguir mantener en ebullición su rico y sustancioso caldo en la isla, teniendo en cuenta su decisivo impacto en la salud humana y también, por su crucial influencia en la transformación de mundo, para que pueda ser un sitio cada vez mejor.

Orlando Jorge Castellano Benítez Investigador del Instituto de Neurociencia de Castilla y León Salamanca, a 17 de junio de 2024

PD: Al momento de escribir estas líneas, se está gestando entre neurocientíficos cubanos y españoles una actividad científico-divulgativa para conmemorar el 150 aniversario de la llegada de Don Santiago Ramón y Cajal a Cuba.

Fuentes:****

1- Recuerdos de mi vida. Santiago Ramón y Cajal. EDITORIAL CRÍTICA, 29 abr 2014. ISBN 978-84-9892-713-9. https://cvc.cervantes.es/ciencia/cajal/cajal_recuerdos/default.htm

2- Archives of Santiago Ramón y Cajal and the Spanish Neurohistological School. https://www.unescoicdh.org/eng/sub.php?menukey=289&mod=view&no=40225&listCnt=10&code1=00000004

3- https://promocionesces.es/Promocion-GMIC-2024/alumnos/chaso-gonzalo-sergio/Codeweb/Historia.html

4-Camagüey: estancia de Santiago F. Ramón y Cajal. Jorge E. Abreu Ugarte. Archivo Médico de Camagüey E-ISSN: 1025-0255 jorsan@finlay.cmw.sld.cu Centro Provincial de Información de Ciencias Médicas de Camagüey Cuba. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=211116129017.

5-Don Santiago Felipe Ramón y Cajal y la medicina militar, vínculos con Cuba. Junior Vega Jiménez. Revista Cubana de Medicina Militar. 2014;43(4):555-569 https://web.archive.org/web/20201127133612/http://scielo.sld.cu/pdf/mil/v43n4/mil16414.pdf

6- Por los secretos caminos del cerebro. https://courier.unesco.org/es/articles/santiago-ramon-y-cajal-el-primer-cartografo-del-cerebro

7- *Evolución super-orgánica: La naturaleza y el problema social. Enrique Lluria. Barcelona, Publicaciones de la Escuela Moderna, 1905, 222  *http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1020027777/1020027777.PDF