
Maestro querido:
Nunca me gustó el mes de enero. De niño mi madre no me dejaba salir. Decía que hacía mucho frío y me resfriaría. Además, faltaba mucho tiempo para que regresaran los Reyes Magos cargados de sorpresas. Recuerdo a mi padre que comentaba la dificultad para superar la cuesta de enero. En definitiva, nunca me gustó el mes de enero.
Cuando ya tuve independencia y capacidad de decisión, me iba a un país cálido. Concretamente al laboratorio dirigido por el Profesor Hillyer en la preciosa isla de Puerto Rico, mi director en mi época postdoctoral. Allí aprendí a trabajar con los parásitos tropicales, a los que he dedicado toda mi vida. Siempre he pensado que allí se llevaba mejor este desapacible mes.
El 14 de enero de 2022, murió mi padre. Tres años después, acaba de fallecer el Dr. Manuel Elkin Patarroyo, también en el mes de enero, el 9 del 2025. Me lo acaba de comunicar su entrañable hijo Manuel Alfonso Patarroyo. Mi padre, Eugenio Muro, fue mi maestro en la infancia. Manuel Elkin también fue mi maestro. Lo conocí en el primer congreso científico al que asistí. Aún era estudiante del último curso de la Licenciatura de Medicina y me quedé estupefacto cuando escuché la conferencia de apertura. La impartía un científico colombiano de mediana edad con mirada inteligente, de nombre Manuel Elkin Patarroyo. Me parecía que estaba escuchando un relato como si lo contara García Márquez, pero de ciencia. Explicaba con gran claridad y extrema rotundidad sus trabajos realizados para el desarrollo de una vacuna de síntesis química frente a la malaria. Un avance sin parangón para detener esta maliciosa enfermedad. Me cautivaron sus primeras palabras, cargadas de sabiduría e ingenio, dejando “clarito” (como él decía) las complejas relaciones para poder entender a un parásito astuto que utiliza todos sus recursos para entrar en las células, recorriendo nuestro organismo y pudiendo llegar a causar daños cerebrales graves.
Establecimos una relación más allá de lo profesional, más bien familiar. Cada vez que iba a Bogotá, me alojaba en su casa y entre sus admirables cuadros charlábamos de ciencia, arte, música, literatura, de los devaneos políticos y de la vida en todos sus aspectos. Me llamaba “Toñete” y con ese gracejo inteligente describía magistralmente cómo había llegado a diseñar una metodología lógica y racional para el desarrollo de vacunas. Era el mayor de los hermanos. Uno de ellos me contaba que de niño le hicieron unas pruebas en el colegio cuyos resultados revelaron un elevado índice intelectual. De las muchas anécdotas de Manuel Elkin, me llamo la atención cuando me decía que leyendo de pequeño los experimentos realizados por Pasteur o Kock, supo con claridad a lo que iba a dedicar su vida. Recuerdo que la primera noche, durmiendo en su casa, me desperté muy temprano como consecuencia del yet lag. Serían las tres de la madrugada. Vi una luz en el salón y allí estaba Manuel Elkin rodeado de artículos científicos, leyéndolos en profundidad. Me dijo: “Toñete, tengo la suerte de ser insomne, solamente necesito dormir tres horas y así tengo más tiempo para estudiar”.
Si tuviera que elegir la cualidad que más me ha llamado la atención de Manuel Elkin, es sin duda su profunda humanidad. Era un humanista convencido ya que defendía la dignidad humana, el carácter racional de las personas, su autonomía, libertad y la capacidad de transformación de la historia y la sociedad. Además lo trasladaba a todas las facetas de su vida. Siempre me impresionó cuando llegaba a un hotel. A todo el mundo le llamaba por su nombre, como si lo conociera de toda la vida. Los trataba con una educación exquisita: recepcionistas, camareros, el gerente del hotel. Todos se desvivían por atenderlo. Sin embargo, a veces, su excesivo humanismo le supuso algún que otro disgusto.
En estos momentos de tristeza afloran muchos recuerdos. Ahora son duros, luego el tiempo se encargará de suavizarlos y sonreiremos cuando nos acordemos de ti. Tu pérdida será insustituible, pero tu legado científico siempre nos quedará. Podemos leer los 388 artículos que refiere a día de hoy PubMed. Me viene a la mente un recuerdo que me llamaba mucho la atención. Cuando venías a España siempre traías las publicaciones del último año. En algunos casos eran más de treinta y no solo en uno, sino en varios paquetes. Yo pensaba en lo convencido que estaba en demostrar al mundo el trabajo realizado por la Fundación Instituto de Inmunología de Colombia (FIDIC). Como decía Ramón y Cajal “con perseverancia y dedicación conseguiremos todo lo que nos propongamos”.
Mi querido maestro, mi adorable Manuel Elkin: descansa en paz, ya que tienes la gran suerte de tener a una persona que continuará con este gran proyecto. Igual que quisiste ser como Koch o Pasteur, tu hijo Manuel Alfonso Patarroyo seguirá con tu legado y algún día podrás alegrarte por los resultados de las semillas que sembraste.
Hasta siempre.
Antonio Muro Catedrático de Parasitología de la Universidad de Salamanca Expresidente de la Sociedad Española de Medicina Tropical (SEMTSI) Expresidente de la Sociedad Española de Parasitología (SOCEPA)
Manuel Elkin nos visitó en el congreso IPAP18 – Salamanca
Recuerdos de su querida Salamanca.
Sesión plenaria - Manuel Elkin Patarroyo

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