Retrato de Luis Buñuel, 1924. Salvador Dalí.Retrato de Luis Buñuel, 1924. Salvador Dalí. Más información.

Cuenta Luis Buñuel Portolés:* *“Gracias a la recomendación de un senador, don Bartolomé Esteban, me inscribieron en la Residencia de Estudiantes, donde permanecería siete años. Mis recuerdos de aquella época son tan ricos y vividos, que puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que, de no haber pasado por la Residencia, mi vida hubiera sido muy diferente.”

Mi último suspiro. Pág. 43* *Luis Buñuel

“En la Residencia de Estudiantes me encontré ante una elección inevitable. En aquella elección influyeron el ambiente en que vivía, el movimiento literario que existía en Madrid en aquellos momentos y el encuentro con unos excelentes amigos. ¿En qué momento se decidió mi vida? Hoy resulta casi imposible determinarlo.”

Mi último suspiro. Pág. 45* *Luis Buñuel

“Estuve en la Residencia de Estudiantes desde 1917 hasta 1924, el año en que me fui a París. Esos siete años fueron muy importantes para mi formación. Pasé de agronomía a ciencias naturales y finalmente a filosofía y letras. Aunque «estudiaba muy poco, esta carrera, que era de cuatro años, la hice en dos. Todo era ir a los cafés y charlar con los amigos. Reuniones de una amistad cálida, estupenda. Hacíamos disparates. Por ejemplo: nos disfrazábamos de cualquier cosa. Ibamos a Toledo a emborrachamos durante cinco días, hasta besar las piedras toledanas.”

Buñuel por Buñuel. Pág. 18 Tomás Pérez Turrent y José de la Colina

“Los cafés literarios más importantes de Madrid eran el «Café Gijón», que aún existe, la «Granja del Henar», el «Café Castilla», «Fornos», «Kutz», el «Café de la Montaña», en el que hubo que cambiar los veladores, de tanto como los habían ensuciado los dibujantes (yo iba todas las tardes, después de las clases, para seguir estudiando) y el «Café Pombo», donde los sábados por la noche pontificaba Gómez de la Serna. Llegábamos, nos saludábamos, nos sentábamos, pedíamos de beber, casi siempre, café y mucha agua (los camareros no paraban de traer agua) y se iniciaba una conversación errabunda, comentario literario de las últimas publicaciones, de las últimas lecturas, noticias políticas. Nos prestábamos libros y revistas extranjeras. Criticábamos a los ausentes. A veces, un autor leía en voz alta una poesía o un artículo y Ramón daba su opinión, siempre escuchada y, en ocasiones, discutida. El tiempo pasaba de prisa. Más de una noche, unos cuantos amigos seguíamos hablando mientras deambulábamos por las calles.

El neurólogo Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel y uno de los sabios más grandes de su época, iba todas las tardes al «Café del Prado» y se sentaba solo a una mesa del fondo. En aquel mismo café, a pocas mesas de distancia, se reunía una peña de poetas ultraístas, de la que yo formaba parte.

Un amigo nuestro, el periodista y escritor Araquistain (al que después, durante la guerra civil, encontraría de embajador en París), se tropezó en la calle con un tal José María Carretero, novelista de la más baja estofa, un gigante de dos metros que firmaba sus obras con el seudónimo de el Caballero Audaz. Carretero agarró a Araquistain por las solapas, insultándole y echándole en cara cierto artículo desfavorable que nuestro amigo le había dedicado (con muchísima razón). Araquistain le contestó con una bofetada y los transeúntes tuvieron que separarlos.

El caso metió bastante ruido en el mundillo literario. Nosotros decidimos dar un banquete de homenaje a Araquistain y recoger firmas en su apoyo. Mis amigos ultraístas, sabedores de que yo conocía a Cajal del Museo de Historia Natural, en el que le preparaba plaquetas para el microscopio en la sección de Entomología, me pidieron que solicitara su firma, que hubiera sido la más prestigiosa de todas.

Así lo hice. Pero Cajal, muy viejo ya, se negó a firmar, aduciendo la excusa de que el periódico ABC, en el que colaboraba habitualmente el Caballero Audaz, iba a publicar sus propias Memorias y temía que, si firmaba, el periódico pudiera rescindir el contrato.

También yo, aunque por razones distintas, me niego siempre a firmar las peticiones que me presentan. Los pliegos de firmas no sirven más que para tranquilizar la conciencia. Ya sé que mi actitud es discutible. Por ello, si me ocurre algo, si me meten en la cárcel, por ejemplo, o desaparezco, pido que nadie firme por mí.”

Mi último suspiro. Pág. 50-51* *Luis Buñuel

“No puedo explicar día a día lo que fueron aquellos años de formación y encuentros; nuestras charlas, nuestro trabajo, nuestros paseos, nuestras borracheras, los burdeles de Madrid (los mejores del mundo, sin duda) y nuestras largas veladas en la Residencia.”

Mi último suspiro. Pág. 54* *Luis Buñuel

En 1920 decide cambiar a Ciencias Naturales, disciplina por la que siempre había sentido una profunda afición… Durante casi dos años trabajó a las órdenes del famoso investigador y ortopterólogo Ignacio Bolívar, cuyo laboratorio en el Museo de Historia Natural se encontraba muy próximo a la Residencia. Durante ese tiempo le preparó numerosas preparaciones histológicas de insectos para don Santiago Ramón y Cajal. Lo que le hizo cambiar de carrera fue la lectura del libro La vida de los insectos del famoso entomólogo Jean-Henri Fabre. Aún hoy puedo reconocer a primera vista muchos insectos y dar su nombre en latín.

Buñuel nos cuenta su relación con Don Santiago Ramón y Cajal

Buñuel en la Residencia de Estudiantes. Aragón Radio

La Orden de Toledo: Vanguardia y misticismo

En 1923, Luis Buñuel fundó la “Orden de Toledo”, una especie de cofradía lúdica y bohemia que organizaba excursiones de fin de semana a la ciudad imperial. Entre sus miembros fundadores se encontraban Lorca, Dalí, Rafael Alberti y Pepín Bello. La Orden tenía sus propios rituales y preceptos: para ser nombrado “caballero” era necesario amar Toledo sin reservas, vagar solo por sus calles durante toda una noche, emborracharse y no lavarse durante la estancia. Se alojaban en la modesta Posada de la Sangre, donde se decía que Cervantes había escrito “La ilustre fregona”, y buscaban inspiración en el misticismo de la ciudad y en la obra de El Greco. Esta mezcla de juerga estudiantil y búsqueda de una conexión profunda con el alma castellana definía a la perfección el espíritu del grupo. La historia de la Orden tuvo un eco trágico durante la Guerra Civil, cuando una brigada anarquista encontró una caja con documentos de la “Orden de Toledo” y, confundiendo el título lúdico con uno nobiliario, ejecutó al hombre que la guardaba.

Las “profanaciones” del Tenorio y el concepto de “putrefacto”

Otra de las tradiciones más célebres del grupo eran sus delirantes representaciones del Don Juan Tenorio de Zorrilla, que solían tener lugar en torno al Día de Todos los Santos. Eran “profanaciones” surrealistas del clásico romántico, en las que Buñuel, por ejemplo, interpretaba a Don Juan armado con una máquina de escribir para despachar su correspondencia amorosa. Estas funciones eran una explosión de creatividad y humor que subvertía los cánones culturales de la época. En esa misma línea, el grupo acuñó el término “putrefacto” para referirse a todo aquello que consideraban caduco, académico, burgués y anacrónico. Los “putrefactos” eran el blanco de sus burlas y representaban todo aquello contra lo que su espíritu vanguardista se rebelaba.

Residencia de Estudiantes. Don Juan Tenorio de Zorrilla interpretado por Luis Buñuel.
Residencia de Estudiantes. Don Juan Tenorio de Zorrilla interpretado por Luis Buñuel.

Verano de 1929 en Cap de Creus, Cadaqués. Luis Buñuel se bebe un porrón de vino en la playa. Ese verano pasaron muchas cosas en el grupo de amigos que conformaban Buñuel, Lorca y Dalí. Los tres se conocieron en la Residencia de Estudiantes de Madrid y forjaron una gran amistad.Verano de 1929 en Cap de Creus, Cadaqués. Luis Buñuel se bebe un porrón de vino en la playa. Ese verano pasaron muchas cosas en el grupo de amigos que conformaban Buñuel, Lorca y Dalí. Los tres se conocieron en la Residencia de Estudiantes de Madrid y forjaron una gran amistad. Más información.

https://youtu.be/DgTKTldY9sE ¡Os reto a decirme un director más genial que Luis Buñuel! por Juanma Gutiérrez.

Cuatro escenas en la vida de Luis Buñuel

Cuatro escenas en la vida de Luis Buñuel. Aragón Radio

Es durante su estancia en la Residencia que descubre algunas de las personas que más van a influir en su vida y obra:

· Ramón Gómez de la Serna: Su fantasía y humorismo, el uso que hace de la metáfora y la atención que presta a los objetos en sus greguerías serán características que pasarán a la obra de Buñuel. “Buñuel apostó fuerte por Ramón que fue el autor del guión de su primer proyecto de película. Buñuel puede ser considerado el discípulo aventajado de Ramón que, a diferencia de otros miembros de su generación… nunca negó su magisterio… Seis años de continua asistencia al Pombo no deben ser echados en saco roto en absoluto.” Será la primera persona a la que le pedirá su colaboración para la realización de un guión que no llegará a realizar: Caprichos.

· Federico García Lorca: “Nuestra amistad, que fue profunda, data de nuestro primer encuentro. A pesar de que el contraste no podía ser mayor, entre el aragonés tosco y el andaluz refinado —o quizás a causa de este mismo contraste—, casi siempre andábamos juntos. Por la noche nos íbamos a un descampado que había detrás de la Residencia (los campos se extendían entonces hasta el horizonte), nos sentábamos en la hierba y él me leía sus poesías. Leía divinamente. Con su trato, fui transformándome poco a poco ante un mundo nuevo que él iba revelándome día tras día…

Federico García Lorca en la sierra, retratado en 1925 por su amigo, el director de cine Luis Buñuel.
Federico García Lorca en la sierra, retratado en 1925 por su amigo, el director de cine Luis Buñuel. .
Federico García Lorca en la sierra, retratado en 1925 por su amigo, el director de cine Luis Buñuel. Más información.
Federico García Lorca en la sierra, retratado en 1925 por su amigo, el director de cine Luis Buñuel. .

Juntos, los dos solos o en compañía de otros, pasamos horas inolvidables. Lorca me hizo descubrir la poesía, en especial la poesía española, que conocía admirablemente, y también otros libros. Por ejemplo, me hizo leer la Leyenda áurea, el primer libro en el que encontré algo acerca de san Simeón el Estilita, que más adelante devino Simón del desierto. Federico no creía en Dios, pero conservaba y cultivaba un gran sentido artístico de la religión.

Guardo una fotografía en la que estamos los dos en la moto de cartón de un fotógrafo, en 1924, en las fiestas de la verbena de san Antonio en Madrid. En el dorso de la foto, a las tres de la madrugada (borrachos los dos), Federico escribió una poesía improvisada en menos de tres minutos, y me la dio. El tiempo va borrando poco a poco el lápiz y yo la copié para no perderla. Dice así:

La primera verbena que Dios envía Es la de San Antonio de la Florida, Luis: en el encanto de la madrugada Canta mi amistad siempre florecida, la luna grande luce y rueda por las altas nubes tranquilas, mi corazón luce y rueda en la noche verde y amarilla, Luis, mi amistad apasionada hace una trenza con la brisa. El niño toca el pianillo triste, sin una sonrisa, bajo los arcos de papel estrecho tu mano amiga.

Federico García Lorca

Luis Buñuel y Federico García Lorca, en la verbena de San Antonio de la Florida de 1924.
Luis Buñuel y Federico García Lorca, en la verbena de San Antonio de la Florida de 1924. .

Después, en 1929, en un libro que me regaló, escribió unos versos, inéditos también, que me gustan mucho:

Cielo azul Campo amarillo

Monte azul Campo amarillo

Por la llanura desierta Va caminando un olivo

Un solo Olivo.

Federico García Lorca

Mi último suspiro. Pág 53-54* *Luis Buñuel

Federico García Lorca en el laboratorio de Pío del Río-Hortega en la Residencia de Estudiantes.

“Poco antes de Un chien andalou, una disensión superficial nos separó durante algún tiempo. Luego, como andaluz, susceptible, creyó, o fingió creer, que la película era contra él. Decía:

—Buñuel ha hecho una peliculita así (gesto de los dedos), se llama Un chien andalou, y el perro (chien) soy yo.

French silent film "Un Chien Andalusian" ("Un Chien Andalou"1928) Film by Luis Bunuel, co-written by Salvador Dalí. Más información.
French silent film “Un Chien Andalusian” (“Un Chien Andalou”1928) Film by Luis Bunuel, co-written by Salvador Dalí. .

En 1934, nos habíamos reconciliado totalmente. Aunque yo encontraba a veces que se dejaba sumergir por un número demasiado grande de admiradores, pasábamos juntos largos ratos. Frecuentemente, acompañados por Ugarte, subíamos a mi «Ford» para relajarnos durante unas horas en la soledad gótica de El Paular. El lugar se hallaba en ruinas, pero seis o siete habitaciones, muy escasamente amuebladas, estaban reservadas a las Bellas Artes. Se podía incluso pasar la noche en ellas, a condición de llevar un saco de dormir. El pintor Peinado —con el que, cuarenta años más tarde, volvería a encontrarme por causalidad en este mismo lugar— acudía con frecuencia al viejo monasterio desierto.

Era difícil hablar de pintura y poesía cuando sentíamos aproximarse la tempestad. Cuatro días antes del desembarco de Franco, García Lorca —que no podía apasionarse por la política— decidió de pronto marcharse a Granada, su ciudad. Yo intenté disuadirle, le dije:

—Se están fraguando auténticos horrores, Federico. Quédate aquí. Estarás mucho más seguro en Madrid.

Otros amigos ejercieron presión sobre él, pero en vano. Partió muy nervioso, muy asustado.

El anuncio de su muerte fue una impresión terrible para todos nosotros.

De todos los seres vivos que he conocido, Federico es el primero. No hablo ni de su teatro ni de su poesía, hablo de él. La obra maestra era él. Me parece, incluso, difícil encontrar alguien semejante. Ya se pusiera al piano para interpretar a Chopin, ya improvisara una pantomima o una breve escena teatral, era irresistible. Podía leer cualquier cosa, y la belleza brotaba siempre de sus labios. Tenía pasión, alegría, juventud. Era como una llama.

Cuando lo conocí, en la Residencia de Estudiantes, yo era un atleta provinciano bastante rudo. Por la fuerza de nuestra amistad, él me transformó, me hizo conocer otro mundo. Le debo más de cuanto podría expresar.

Jamás se han encontrado sus restos. Han circulado numerosas leyendas sobre su muerte, y Dalí —innoblemente— ha hablado incluso de un crimen homosexual, lo que es totalmente absurdo. En realidad, Federico murió porque era poeta. En aquella época, se oía gritar en el otro bando: «¡Muera la inteligencia!»

En Granada, se refugió en casa de un miembro de la Falange, el poeta Rosales, cuya familia era amiga de la suya. Allí se creía seguro. Unos hombres (¿de qué tendencia? Poco importa) dirigidos por un tal Alfonso fueron a detenerlo una noche y le hicieron subir a un camión con varios obreros.

Federico sentía un gran miedo al sufrimiento y a la muerte. Puedo imaginar lo que sintió, en plena noche, en el camión que le conducía hacia el olivar en que iban a matarlo.

Pienso con frecuencia en ese momento.”

*Mi último suspiro. Pág 134-135 *Luis Buñuel

Buñuel fue un escritor surrealista, no superrealista. Es decir, fue un miembro del grupo francés, no una ‘derivada’ del grupo español. Esto es fundamental y en ese punto no es comparable con nadie, ni con Lorca. Es más, pienso que el Lorca de ‘Poeta en Nueva York’ debe bastante al Buñuel poeta. Pero Buñuel tenía un valor añadido respecto de sus colegas galos, esa pegada española que se traduce en su humorismo, fundamental en su obra, tanto literaria como fílmica.

Jordi Xifra, director del Centro Buñuel de Calanda.

· Jean Henri Fabre. Entomólogo. “He adorado los Recuerdos entomológicos de Fabre. Por la pasión de la observación, por el amor sin límites al ser vivo, este libro me parece inigualable, infinitamente superior a la Biblia. Durante mucho tiempo, dije que solamente me llevaría ese libro a una isla desierta. Hoy he cambiado de opinión: no me llevaría ningún libro.”

*Mi último suspiro. Pág 186 *Luis Buñuel

https://www.youtube.com/watch?v=qO86FO1bs6g Luis Buñuel - Tierra sin pan (Las Hurdes)

https://youtu.be/_4CqiS23Yhk ÉL - 1953 - Luis Buñuel.

https://www.youtube.com/watch?v=CZn7hdWb7mE ÉL - 1953 - Luis Buñuel.

La mayor concentración de talento cinematográfico que se haya visto

De pie, de izquierda a derecha: Robert Mulligan, William Wyler, George Cukor, Robert Wise, Jean-Claude Carrière y Serge Silberman. Sentados, de izquierda a derecha: Billy Wilder, George Stevens, Luis Buñuel, Alfred Hitchcock y Rouben Mamoulian.
De pie, de izquierda a derecha: Robert Mulligan, William Wyler, George Cukor, Robert Wise, Jean-Claude Carrière y Serge Silberman. Sentados, de izquierda a derecha: Billy Wilder, George Stevens, Luis Buñuel, Alfred Hitchcock y Rouben Mamoulian.

Hay que haber comenzado a perder la memoria, aunque sea sólo a retazos, para darse cuenta de que esta memoria es lo que constituye toda nuestra vida. Una vida sin memoria no sería vida, como una inteligencia sin posibilidad de expresarse no sería inteligencia. Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento. Sin ella no somos nada. La memoria, indispensable y portentosa, es también frágil y vulnerable. No está amenazada sólo por el olvido, su viejo enemigo, sino también por los falsos recuerdos que van invadiéndola día tras día… La memoria es invadida continuamente por la imaginación y el ensueño y, puesto que existe la tentación de creer en la realidad de lo imaginario, acabamos por hacer una verdad de nuestra mentira. Lo cual, por otra parte, no tiene sino una importancia relativa, ya que tan vital y personal es una como la otra.

Mi último suspiro (Mon dernier soupir. París, 1982). Una cita de Luis Buñuel sobre la memoria. Enrique Pallarés Molíns

Programa Buñuel 125 Años. Ayuntamiento de Calanda

Luis Buñuel Portolés 125 Años AniversarioDescarga

Bibliografía: