El Legado del Instituto Nacional de Higiene, Cuna del Instituto de Salud Carlos III.

Cuando se evoca la figura de Santiago Ramón y Cajal, la mente vuela hacia el Premio Nobel y sus magistrales dibujos del “bosque del pensamiento”. Sin embargo, uno de sus legados más perdurables y de mayor impacto social no nació de su microscopio personal, sino de su faceta como constructor de país: la fundación y dirección del Instituto Nacional de Higiene Alfonso XIII. La historia de esta institución es la crónica de un sacrificio personal, una lucha contra la incomprensión y la burocracia que, sin embargo, se transformó en la piedra angular de la salud pública española moderna, un legado que hoy vive en el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII).

1899: El Nacimiento Forzado por la Crisis y el Miedo

A finales del siglo XIX, el mundo vivía la “Revolución Bacteriológica”. Los trabajos de Pasteur y Koch habían demostrado que las grandes plagas eran causadas por microorganismos. En este contexto, la España de la Restauración, sumida en la crisis intelectual del “Desastre del 98”, se encontraba peligrosamente rezagada.

Durante años, los intentos de crear un instituto central de bacteriología habían fracasado por luchas de poder y falta de voluntad política. Sin embargo, en el verano de 1899, dos factores precipitaron los acontecimientos:

  • La Peste en Oporto: Una virulenta epidemia de peste en la ciudad portuguesa generó un pánico real a que la plaga cruzara la frontera.

  • La Presión Internacional: El Dr. Brouardel, decano de la Facultad de Medicina de París y jefe de los servicios sanitarios franceses, exigió a España información sobre las medidas que pensaba tomar, evidenciando la desconfianza internacional en la capacidad sanitaria del país.

Forzado por la urgencia, el gobierno, a través del recién nombrado Director General de Sanidad, Dr. Carlos María Cortezo, tomó una decisión clave: por Real Decreto del 28 de octubre de 1899, creó el Instituto de Sueroterapia, Vacunación y Bacteriología Alfonso XIII. Para liderarlo y asegurar su éxito frente a las resistencias internas, Cortezo hizo una jugada maestra: nombró director a la única figura de prestigio incuestionable y capaz de aglutinar apoyos: Santiago Ramón y Cajal, quien aceptó por pura “responsabilidad patriótica”, a pesar de que suponía “el más doloroso de los sacrificios” para su vocación investigadora.

“Lo que importa, sobre todo, es la reconquista de nuestra personalidad científica, la creación de un cerebro colectivo nacional, potente y respetado.”

El Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII
El Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII

La Etapa de Cajal (1899-1920): El Científico contra la Administración

Cuando Cajal fue nombrado director en 1899, no fue una elección casual. Su reputación como el mayor experto bacteriólogo de España ya se había forjado 14 años antes, durante la terrible epidemia de cólera de 1885. En aquella ocasión, siendo un joven catedrático, fue comisionado para investigar la controvertida vacuna del Dr. Ferrán. El informe riguroso y valiente de Cajal, en el que denunciaba la falta de base científica del método, le consagró como científico. Aquella crisis fue su verdadera “audición” para el cargo que ahora asumía: ser el guardián de la salud pública nacional.

Cajal aceptó el cargo con la condición de tener autonomía para nombrar a su personal, eligiendo a figuras de la talla de Francisco Murillo (Seroterapia), Antonio Mendoza (Bacteriología), Jorge Francisco Tello (Bacteriología y su futuro sucesor) y Dalmacio García Izcara (Veterinaria). Su etapa como director fue una lucha titánica contra una burocracia ineficiente y una clase política indiferente.

El Logro Estratégico: La Conquista de la Soberanía Sanitaria

Más allá de las luchas diarias, el objetivo final de Cajal era un logro estratégico de primer orden: acabar con la humillante dependencia sanitaria de España. Antes del Instituto, para conseguir suero antidiftérico o la vacuna antirrábica, el Estado debía importarlos, principalmente del prestigioso Instituto Pasteur de París. Esto no solo suponía un coste económico elevado, sino, y más grave aún, un retraso crítico en caso de brotes epidémicos y una constante sensación de vulnerabilidad y de inferioridad científica. La labor del Instituto Alfonso XIII, al lograr una producción autónoma y de alta calidad de estos productos biológicos, fue un acto de afirmación nacional. Por primera vez, España tenía la capacidad de responder a sus crisis sanitarias con sus propios medios. Para un patriota como Cajal, esta “soberanía de las vacunas y los sueros” era un triunfo tan importante como cualquiera de sus descubrimientos en el laboratorio; era la ciencia puesta directamente al servicio de la independencia y la fortaleza de la nación. Pero nada era sencillo.

Algunos Ejemplos del Arduo Trabajo Cotidiano:

  • La Sede Indigna: Su primera batalla fue conseguir una sede. El local inicial fue un viejo y humilde caserón de una antigua vaquería en la calle Ferraz, un espacio insalubre y totalmente inadecuado. La provisionalidad duró hasta 1915, cuando, tras años de ruegos, el Instituto se trasladó a un edificio de nueva planta en Moncloa.

  • La Tiranía del “Papel Timbrado”: Su día a día estaba consumido por la burocracia. Para la compra de un simple termómetro, debía redactar una “memoria” de varias páginas y esperar semanas. Se cuenta que, en ocasiones, para no detener la producción, Cajal adelantaba el dinero de su propio bolsillo. La “Tiranía del Papel Timbrado” fue, quizás, el enemigo más exasperante y persistente al que Cajal se enfrentó como director. No era un adversario científico, sino un laberinto administrativo que consumía su tiempo y energía, y que amenazaba con paralizar la misión vital del Instituto. Su día a día, en lugar de estar dedicado a la alta ciencia, se veía absorbido por una microgestión burocrática absurda. El proceso para la compra del material más insignificante, como un simple termómetro de laboratorio, es el ejemplo perfecto de este calvario. No bastaba con solicitarlo. Cajal, o uno de sus jefes de sección bajo su supervisión, debía redactar una “memoria” formal. Este no era un simple formulario, sino un documento de varias páginas en papel oficial que debía incluir:

· Justificación de la Necesidad: Explicar por qué el termómetro era indispensable, detallando si uno anterior se había roto o si se necesitaba para un nuevo equipo. Por ejemplo: “se requiere para la vigilancia de la temperatura de la estufa de cultivo donde se incuba el bacilo diftérico, ya que una variación de dos grados podría invalidar la producción de la toxina necesaria para la inmunización de los caballos”. · Especificaciones Técnicas: Describir el tipo exacto de termómetro, su rango de temperaturas y su nivel de precisión. · Presupuesto Detallado: Presentar el coste estimado, a menudo requiriendo presupuestos previos de varios proveedores.

Una vez redactada, esta memoria iniciaba un lento peregrinaje. Pasaba por el registro del propio Instituto, luego a la Dirección General de Sanidad y de ahí al Ministerio, donde debía recibir el visto bueno de la intervención económica. Cada paso requería sellos, firmas y la aprobación de funcionarios que no entendían la urgencia ni la naturaleza de lo solicitado. Un proceso que podía demorarse semanas, o incluso meses, por un objeto que costaba unas pocas pesetas. La consecuencia directa era la parálisis. Un lote entero de suero antidiftérico podía retrasarse, o un análisis bacteriológico crucial para un brote en una provincia quedaba en suspenso, todo por la falta de un termómetro. Harto de esta ineficacia que costaba vidas, Cajal a menudo recurría a una solución tan pragmática como reveladora: se saltaba el procedimiento. Se cuenta que, en más de una ocasión, tras semanas de espera infructuosa, salía de su despacho, metía la mano en su propio bolsillo y adelantaba el dinero para comprar personalmente el material en alguna droguería científica u ortopedia de Madrid. Lo hacía sabiendo que el posterior reembolso de ese gasto “extraoficial” sería otra pesadilla burocrática, por lo que muchas veces ese dinero nunca retornaba. Era el precio que pagaba por la eficacia, un pequeño acto de rebelión personal para que la ciencia y la salud pública no se detuvieran por la tiranía del papel timbrado.

  • La Rebelión del Editor: Su acto de rebelión más significativo fue convertirse previamente en editor. Harto de la lentitud de las revistas científicas de la época para publicar sus hallazgos, tomó una decisión radical: creó y financió él mismo la Revista trimestral de histología normal y patológica o maravillosos y oportunos libros como el Manual de Anatomía Patológica General y Fundamentos de Bacteriología. Este acto no solo demuestra su determinación, sino que fue clave para difundir sus descubrimientos a nivel internacional, enviando ejemplares a las grandes figuras europeas y obligándolas a prestar atención a la ciencia que se hacía en España.

  • El Supervisor Total: Su desconfianza en el sistema le obligaba a ser un supervisor absoluto. Si llegaba un nuevo microscopio, él mismo realizaba la calibración. Se implicó personalmente en la compra y cuidado de los caballos para la producción de sueros.

Veterinarios y técnicos trabajando en el Instituto de Higiene, aplicando una vacuna a un animal en la calle Ferraz.
  • El Educador de Políticos: Gran parte de su energía se gastaba en una labor pedagógica no deseada. Tenía que explicar a ministros los fundamentos de la microbiología para que entendieran por qué una estufa de cultivo o una instalación eléctrica versátil, con transformadores para corriente continua y alterna, no eran un lujo, sino una necesidad vital.

  • La Guerra contra el Fraude: Una de sus luchas más sorprendentes fue contra la picaresca. Tuvo que enfrentarse a fabricantes fraudulentos de “sueros” y “vacunas” milagrosas. El Instituto se convirtió en el árbitro que analizaba y denunciaba estos productos.

“¡Cuántas antesalas pisadas inútilmente! ¡Cuántas promesas incumplidas! […] El político profesional, salvo honrosas excepciones, no se interesa sino por aquello que da votos o produce ruido en la prensa. Y la ciencia, esa humilde violeta, no da ninguna de esas dos cosas.”

Fuente: Ramón y Cajal, S. Recuerdos de mi vida.

Retrato del rey Alfonso XIII de España en uniforme militar, mostrando medallas y con una espada, sentado con un fondo decorativo.
. El rey Alfonso XIII, figura clave en el apoyo institucional a Cajal

El Instituto en Acción: Ciencia, Formación y Producción a Escala Nacional

Bajo la dirección de Cajal, el Instituto se convirtió en un centro polifacético con un impacto inmenso en la sociedad española.

1. Lucha contra las Grandes Endemias El Instituto centralizó la respuesta nacional frente a las enfermedades infecciosas.

La misión principal del Instituto era proteger a la población. El impacto de su trabajo, que era gratuito, fue inmenso y se puede cuantificar.

Impacto y Servicios Clave del Instituto Alfonso XIIIDetalles y Ejemplos ConcretosVolumen de VacunacionesMasivo y a escala nacional. En años de alarma sanitaria, se llegó a vacunar a más de un millón y medio de personas.Alcance GeográficoServicio para toda España (excepto Cataluña, que tenía su propio laboratorio municipal). Las provincias que más demandaban sus servicios eran Madrid, Ciudad Real, Cuenca, Toledo, Cáceres, Ávila, Albacete y León.Tratamiento AntirrábicoReferente nacional. El tratamiento consistía en dos inyecciones diarias en el vientre. Cajal lo describía como “una carrera de velocidad entre microbios: el que llega primero, vence”.Diagnóstico BacteriológicoCentralizó el análisis y confirmación de brotes de Fiebre Tifoidea, Tifus, Cólera, etc.Lucha AntipalúdicaEl Instituto acogió y dio soporte a la Comisión Central Antipalúdica, liderada por el eminente Dr. Gustavo Pittaluga. Desde allí se organizaron las campañas que permitieron crear los primeros mapas de la malaria en España e identificar y controlar al mosquito Anopheles. Instituto Antipalúdico de Navalmoral de la Mata.EpidemiologíaEl Instituto contó con una sección de Epidemiología desde sus inicios, demostrando una visión moderna de la salud pública que iba más allá del laboratorio.

El Tifus y las Ostras

2. Centro de Formación de la Sanidad Española El Instituto creó cursos de perfeccionamiento que se convirtieron en la base de los prestigiosos “diplomados de sanidad”, un posgrado casi único y de carácter oficial que formó a generaciones de profesionales sanitarios.

3. La “Fábrica” de la Salud Pública El Instituto desarrolló una actividad “industrial” extraordinaria, produciendo a gran escala sueros (antidiftérico, antirrábico) y vacunas (antivariólica).

Grupo de investigadores en un laboratorio, todos vestidos con batas blancas, algunos de pie y otros sentados, rodeados de equipo científico.

El Doble Frente de Cajal y la “Mística del Trabajo”

Durante estos años, Cajal libraba una batalla en dos frentes. Por la mañana era el gestor infatigable del Instituto de Higiene; por la tarde y noche, se refugiaba en su laboratorio personal. Su ritmo de trabajo sobrehumano creó la famosa “mística del trabajo” descrita por sus discípulos como Jorge Francisco Tello:

“Cajal creaba a su alrededor una atmósfera de silencio y consagración. No admitía la distracción ni la pereza; el laboratorio era un templo y la investigación, el único rito posible.”

Jorge Francisco Tello

Retrato de un científico con barba sosteniendo un microscopio en un laboratorio de época, con instrumentos y objetos de ciencia visibles en la mesa.

Cronología de un Legado: De Cajal al ISCIII

La siguiente tabla pone en perspectiva los hitos del Instituto con la carrera de Cajal y los eventos clave de la época.

AñoHito del Instituto / EvoluciónHito Personal / Científico de CajalGobierno / Régimen1888Publica su artículo sobre la individualidad de las células nerviosas.Regencia de María Cristina (Gob. Sagasta)1899Creación del Instituto Nacional de Higiene. Cajal es nombrado director.**Regencia de María Cristina (Gob. Silvela)**1906El Instituto ya produce sueros y vacunas de forma autónoma.Recibe el Premio Nobel de Medicina.Reinado de Alfonso XIII (Gob. Moret/López Domínguez)1915Traslado a la nueva sede monumental en Moncloa.Reinado de Alfonso XIII (Gob. Dato)1920****Cajal deja la dirección. Le sucede su discípulo Jorge Francisco Tello.Reinado de Alfonso XIII (Gob. Dato)1924El Instituto se fusiona con el Hospital del Rey para crear la Escuela Nacional de Sanidad.Dictadura de Primo de Rivera1934Fallece Santiago Ramón y Cajal en Madrid.II República (Gob. Samper/Lerroux)1936-39El edificio del Instituto en Moncloa es destruido durante la Guerra Civil.II República / Guerra Civil1963El Instituto organiza la 1ª campaña nacional de vacunación masiva contra la polio.**Dictadura de Franco (Gob. de Franco)1974El Instituto se integra con la Escuela Nacional de Sanidad.Dictadura de Franco (Gob. Arias Navarro)**1986Se crea el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), heredero de toda esta tradición.Democracia (Gob. Felipe González)

Fotografía en blanco y negro de un grupo de hombres, vestidos con trajes formales, posando junto a una mesa en una celebración o evento oficial, con un retrato en la pared detrás de ellos.
Acto de entrega de la Medalla Echegaray a Don Santiago Ramón y Cajal, 6 mayo 1922. Alfonso XIII Preside la entrega de la medalla Echegaray, concedida por la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales a Don Santiago Ramón y Cajal. .

El Legado Hoy: Un Sueño Cumplido

El fruto final de aquella semilla plantada por Cajal llegó con la creación en 1986 del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), heredero directo de toda esta tradición. Hoy, el ISCIII es la encarnación magnificada del sueño de Cajal. Cuando un laboratorio del ISCIII secuencia un nuevo virus o un epidemiólogo traza el mapa de un brote, están culminando la misión que un Cajal abrumado por la burocracia pero movido por un inmenso patriotismo inició hace más de un siglo.

Un ejemplo paradigmático de este legado en acción fue la lucha contra la poliomielitis. Aunque las grandes epidemias de polio asolaron España en los años 50 y 60, mucho después de la etapa de Cajal, fue la institución que él fundó la que proveyó las armas para combatirla. Los centros descendientes del Instituto de Higiene, como la Escuela Nacional de Sanidad y el Centro Nacional de Virología, fueron los responsables técnicos de organizar la primera campaña nacional de vacunación masiva en 1963. La introducción de la vacuna oral Sabin, distribuida en todo el país, frenó en seco la enfermedad y salvó a miles de niños de la parálisis. Fue la demostración definitiva de que el sueño de Cajal —una estructura científica al servicio de la salud de la nación— estaba más vivo que nunca.

https://www.isciii.es/

Fuentes Consultadas y Bibliografía

  • García Rodríguez, J.A., González Núñez, J. y Prieto Prieto, J. (Coords.) Santiago Ramón y Cajal, bacteriólogo. Grupo Ars XXI de Comunicación, 2006.

  • Carrascosa, A.V. y Báguena, M.J. (Coords.) El desarrollo de la Microbiología en España, Volumen I y II. Fundación Ramón Areces, 2019 y 2021.

  • Ramón y Cajal, Santiago. Recuerdos de mi vida. (Edición de referencia: Crítica, 2006).

  • Moreno González, A. (Coord.) Santiago Ramón y Cajal. Trabajo, saberes y arte en la investigación científica. Fundación Tejerina, 2012.

  • Web santiagoramonycajal.org: Para datos sobre el funcionamiento, alcance geográfico y cifras del Instituto.

  • VV.AA. Boletín Ramón y Cajal en la Universidad de Zaragoza. Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2020.

  • Archivos y páginas web institucionales: Legado Cajal (Instituto Cajal-CSIC), Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), Universidad Complutense de Madrid y Centro Virtual Cervantes.

  • © Fotografía de la portada.