En octubre de 1934, pocas semanas antes de morir, Santiago Ramón y Cajal escribió en sus cuadernos una de sus últimas reflexiones sobre España: un país que amaba con la misma mezcla de admiración y desesperación con que un padre contempla a un hijo pródigo. Llevaba tres años siendo testigo, desde su casa de la calle Alfonso XII de Madrid, de los debates más encendidos que las Cortes españolas habían conocido en su historia moderna. Era la Segunda República: el experimento democrático más ambicioso que España había intentado jamás, y también el más frágil.

Hoy, casi un siglo después, la Universidad de Salamanca acaba de hacer posible lo que entonces era inimaginable: reunir en una sola plataforma de acceso libre las 107.000 intervenciones parlamentarias producidas entre 1931 y 1945 —desde las sesiones constituyentes hasta la actividad de las Cortes en el exilio mexicano— y ponerlas al alcance de algoritmos de inteligencia artificial capaces de leer en horas lo que un historiador tardaría vidas enteras en recorrer.

El proyecto se llama Luz y Taquígrafos.

Escuela en la Segunda República española

Una arquitectura para la memoria democrática

El equipo, formado por los profesores Rodrigo Rodrigues-Silveira, Fátima García-Díez, Iván Llamazares, Elena Martínez-Barahona y Eduardo Barreto Martín, ha digitalizado los diarios de sesiones del Congreso de los Diputados de 1931 a 1945, construyendo una base de datos estructurada que cubre 755 sesiones plenarias a lo largo de las tres legislaturas republicanas: las Cortes Constituyentes (1931-1933), la Segunda Legislatura (1933-1935) y la Legislatura del Frente Popular (1936), más las sesiones del gobierno en el exilio.

Cada una de las 107.000 intervenciones está catalogada con una precisión que hubiera fascinado al propio Cajal: fecha exacta, número de sesión, nombre del diputado, partido, familia política, circunscripción electoral, ideología. Las notas taquigráficas —esos «(Aplausos)», «(Rumores)», «(Protestas)» que pueblan los márgenes de los diarios de sesiones— están también recogidas, devolviendo al texto la dimensión sonora y emocional que el papel impreso siempre aplana.

La plataforma está disponible públicamente en Harvard Dataverse bajo los principios de la ciencia abierta.

Los debates que definieron una época

Luz y Taquígrafos permite por primera vez una exégesis cuantitativa de debates que definieron la identidad nacional en el momento exacto en que Cajal vivía sus últimos años. La intervención de Manuel Azaña sobre la cuestión religiosa en octubre de 1931 cobra nuevas dimensiones cuando se puede medir su impacto en el vocabulario de las semanas siguientes, rastrear las réplicas que generó, cuantificar los silencios que provocó.

El histórico duelo entre Clara Campoamor y Victoria Kent sobre el sufragio femenino es quizás el caso más célebre. Mientras Kent solicitaba el aplazamiento del voto femenino por razones de oportunidad política, Campoamor defendió la igualdad como un derecho natural que no admitía cálculo estratégico. Las transcripciones taquigráficas capturan no solo los argumentos, sino el ambiente de una cámara que acabó aprobando el sufragio con 161 votos a favor.

Un espejo para el presente

La fragmentación partidista que define la política española contemporánea encuentra en la Segunda República su antecedente histórico más directo. La cuestión territorial, el papel de la religión en la vida pública, los límites de la representación democrática: ninguno de estos debates ha cerrado su acta.

El proyecto se inscribe además en una red internacional de corpus parlamentarios históricos —el proyecto europeo ParlaMint, entre otros— que permiten situar la experiencia republicana española en un marco comparado más amplio.

Salamanca, la IA y la voz de los muertos

Hay algo profundamente cajaliano en la empresa de Luz y Taquígrafos. Cajal creía que la ciencia es, ante todo, un acto de recuperación: recuperar del caos observable la estructura que lo ordena, hacer visible lo que estaba ahí pero nadie había sabido ver. Los investigadores de la Universidad de Salamanca han tomado 107.000 voces dispersas en miles de páginas de papel amarillento y las han organizado en una estructura que la inteligencia artificial puede leer, comparar y analizar.

No resucitan a los muertos. Pero les devuelven la posibilidad de ser escuchados.

Fuentes