Dedicado a Antonio Arias Rodríguez
La ontología de la explotación:
La naturaleza de la fuerza de trabajo ha sufrido una mutación ontológica profunda: del intercambio de energía muscular al saqueo sistemático de procesos cognitivos, emocionales y neurales subconscientes. Veamos la consolidación del argocapitalismo en 2020 —sistema que convierte económicamente la vigilancia total y la predicción algorítmica a todos los niveles— y proponemos marcos de soberanía digital frente a la automatización masiva.
I. Bases históricas: del precio justo a la plusvalía industrial
La noción moderna de valor se remonta a la Escuela de Salamanca (siglo XVI). Francisco de Vitoria y sus contemporáneos fundaron el orden económico en la “estimación común” del mercado libre, reconociendo el ingenio humano como fuente legítima de propiedad. La Revolución Industrial rompió este equilibrio al mercantilizar la fuerza de trabajo física en el sistema fabril —la palabra checa robota (trabajo forzado) lo resume con crudeza—. La plusvalía dejó de ser un intercambio justo para convertirse en extracción sistemática de tiempo y energía corporal.
| Período Histórico | Naturaleza de la Fuerza de Trabajo | Espacio Productivo | Modelo de Valor |
| Feudalismo | Dependencia personal / Tributo | Tierras feudales | Uso y renta de la tierra |
| Protoindustria | Trabajo manual doméstico | Hogar campesino | Pago por pieza producida |
| Revolución Industrial | Energía muscular y mecánica | Fábricas / Líneas de montaje | Plusvalía absoluta (Tiempo) |
| Post-Fordismo | Habilidades cognitivas / Servicios | Oficinas / Redes | Plusvalía relativa (Eficiencia) |
La transición a la Sociedad del Rendimiento
A medida que el capitalismo industrial se saturó, el foco de la explotación se desplazó del músculo al cerebro. Este cambio marca la transición de la «sociedad disciplinaria» descrita por Michel Foucault a la “sociedad del rendimiento” teorizada por Byung-Chul Han. En el modelo disciplinario, el control se ejercía mediante la prohibición y la vigilancia externa en espacios de encierro. El trabajador era un sujeto que obedecía órdenes bajo la amenaza de sanción. Sin embargo, en el presente digital, el paradigma ha cambiado del «deber» al «poder».
El sujeto contemporáneo no se siente oprimido, sino motivado. Se percibe a sí mismo como un “emprendedor de sí mismo”, cuya meta es maximizar su rendimiento y éxito personal. Esta ilusión de libertad es la forma más insidiosa de control, ya que conduce a una autoexplotación voluntaria que es mucho más eficaz que la coacción externa. El individuo se convierte en su propio amo y esclavo, operando bajo un imperativo de optimización constante que no permite el descanso mental ni la contemplación.
La violencia neuronal y el burnout
Esta transición ha dado lugar a una nueva clase de patologías que Han denomina «enfermedades de la positividad». Mientras que el siglo XX estuvo marcado por ataques inmunológicos (el miedo al “otro” o al enemigo externo), el siglo XXI se define por trastornos neurológicos como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad y el síndrome de desgaste ocupacional o burnout. Estas afecciones no surgen de la represión, sino de la sobreestimulación y la presión asfixiante por producir resultados en un entorno de competencia infinita.
La desaparición de la vita contemplativa (la vida dedicada a la reflexión) ha sido reemplazada por una hiperactividad fragmentada. El multitasking y la atención dispersa impiden el pensamiento profundo y la creatividad auténtica, reduciendo al ser humano a un animal laborans que solo sabe procesar estímulos inmediatos. En esta distopía del presente, el tiempo ya no es algo que el trabajador “dedica” a una tarea, sino una dimensión que el trabajador “es”, consumiéndose a sí mismo en el proceso.
II. El argocapitalismo: el dato como dinero y el sujeto-token
En 2020 el capitalismo muta en argocapitalismo, régimen mitológico que fusiona la vigilancia omnipresente de Argos Panoptes (los cien ojos) con la capacidad predictiva de la nave Argo. Aquí el dato ya no es residuo del consumo: es la nueva forma primaria de capital.

El comportamiento subconsciente —micro-pausas, presión del cursor, ritmos semánticos, patrones oculares— se convierte en “matices”. Estos matices funcionan como token identificador único que permite reidentificar a cada individuo con más del 99 % de precisión. La identidad histórica (nombre, DNI, biografía) es sustituida por una identidad algorítmica procesable. Cada rastro neuronal se transforma en activo y permite convertirse en un modelo financiero.
III. Economía de la atención: el tiempo como máximo valor
La atención humana se ha convertido en el recurso más escaso y valioso. Bajo la “singularidad de la atención”, poder y narrativa se funden para maximizar el compromiso y deformar la percepción de la realidad.
Frente al modelo de “servicios gratuitos” a cambio de vigilancia, emerge el paradigma Datos como Trabajo (DaL). Si las interacciones humanas son las que entrenan y refinan los modelos de billones de parámetros, el tiempo dedicado a la red deja de ser ocio pasivo para convertirse en labor productiva que merece remuneración directa.
| Concepto de Datos | Visión del Usuario | Destino del Valor | Impacto Social |
| Datos como Capital | Consumidor pasivo | Plataformas de IA | Hiper-concentración de poder |
| Datos como Trabajo | Creador de valor / Trabajador | Usuario (Regalías) | Agencia económica y dignidad |
| Datos como Vigilancia | Sujeto monitoreado | Terceros (Publicidad, Militar) | Erosión democrática y ansiedad |
IV. La Renta Básica Universal (RBU) como paliación
Ante estimaciones que sitúan en riesgo el 60 % de los empleos en economías avanzadas, la Renta Básica Universal (RBU) se presenta como solución pragmática. Sin embargo, desde la soberanía digital, esta renta financiada centralmente (modelo del fondo NBIM noruego que gestiona 1,85 billones de euros u otros fondos económicos) conlleva un riesgo grave: convertir a la población en consumidores puros sin agencia económica.
El propio director del fondo soberano noruego, Nicolai Tangen, reconoce que “tenemos la inteligencia artificial [IA] y robots humanoides en desarrollo, cada vez la inteligencia es más barata. Esto va a hacer que el coste de mano de obra se mantenga bajo. Y esas fuerzas deflacionistas son buenas para la Bolsa”. Con su sede literalmente frente al Palacio donde se entregan los Premios Nobel de la Paz, resulta paradójico e injusto que esta lógica no se invierta: como la inteligencia es más barata, la Renta Básica Universal no es solo posible, sino un imperativo moral. No es justo que un fondo que se beneficia de la mano de obra barata perpetuada por la IA siga sin dar oportunidades reales a los trabajadores, transformando el dividendo tecnológico en un subsidio de pacificación y de mejora de vida de unos pocos en lugar de un verdadero reconocimiento de propiedad sobre los datos y la productividad generada.
La verdadera alternativa no es un subsidio de pacificación estatal, sino un dividendo social que reconozca la propiedad individual sobre el “gemelo sintético” —el duplicado algorítmico de nuestra vida digital— y los datos generados a lo largo de toda la existencia.
V. IA agencial e infraestructura de eficiencia
La viabilidad del argocapitalismo descansa sobre una infraestructura radicalmente más eficiente que permite el procesamiento continuo de la “memoria agencial 360” (correos, finanzas, agendas, historial emocional, salud, interacciones personales…) a costes cada vez más bajos.
- Robótica humanoide: Empresas como 1X Technologies (respaldada por OpenAI y consorcios noruegos) despliegan robots NEO en entornos domésticos. Estos sistemas, entrenados con “modelos de mundo”, aprenden por mera observación y capturan datos de la vida privada para retroalimentar las redes neuronales centrales.

VI. Marcos de protección y soberanía digital
Ante la explotación de la interioridad surgen cuatro frentes de resistencia:
- Gobernanza ética (PRODXIA): Programas de Ética de IA y Gobernanza de Tecnología se vuelven obligatorios para auditar la “explotación de datos” y garantizar que las herramientas de gestión vital no vulneren la integridad mental.
- Neuroderechos y neuroplasticidad: Inspirados en el legado de Santiago Ramón y Cajal, Chile (pionero constitucional desde 2021) y la Carta de Derechos Digitales de España blindan la privacidad mental y regulan estrictamente el reconocimiento emocional en el ámbito laboral, prohibiendo su uso sin consentimiento explícito y revocable.
- Resonancia y pausa: Siguiendo a Byung-Chul Han, la recuperación de la vita contemplativa —el derecho a la inactividad— se erige como el único acto auténtico de soberanía frente a una economía que pretende monetizar cada segundo de atención.
- La brecha técnica: derecho al olvido y derecho a no ser tokenizado
A pesar de los avances legislativos, estos derechos colisionan con una imposibilidad técnica estructural. El “derecho al olvido” (reconocido en el RGPD, la ley chilena de neuroderechos y la Carta de Derechos Digitales española) exige borrar la huella de un individuo de los sistemas. Sin embargo, en modelos de lenguaje de billones de parámetros, la información personal no reside en una base de datos aislada, sino que se disuelve irreversiblemente en los pesos neuronales.
El machine unlearning —la técnica que pretende “desaprender” datos específicos— sigue siendo experimental, no escalable y deja rastros residuales. La única solución garantizada es reentrenar el modelo completo desde cero: un proceso económicamente ruinoso, energéticamente catastrófico y prácticamente imposible a escala global.
Peor aún es el derecho a no ser tokenizado. Una vez que los “matices” (micro-pausas, presión del cursor, ritmos semánticos, patrones oculares) han sido capturados y convertidos en token identificador único, la reidentificación alcanza precisiones superiores al 99 %. En este punto, la anonimización se vuelve ficticia: cualquier intento de “des-tokenizar” al sujeto es tan inútil como intentar borrar una huella digital que ya forma parte del propio algoritmo.
Esta brecha técnica revela la verdadera naturaleza del argocapitalismo: no solo extrae valor, sino que hace estructuralmente irreversible la extracción.
| Concepto clave | Definición en 2020 | Implicación laboral |
|---|---|---|
| Argocapitalismo | Sistema de vigilancia y predicción total | El dato sustituye al dinero fiduciario |
| Sujeto-token | El matiz conductual como identificador único | Pérdida definitiva del anonimato |
| Datos como trabajo | Remuneración por la generación de datos | El tiempo se convierte en el valor supremo a pagar |
| Renta universal | Subsidio por automatización | Riesgo de centralización de poder estatal |
Conclusión
El tránsito al argocapitalismo exige que la técnica y la economía se subordinen radicalmente a la dignidad humana. Mientras el sistema perfecciona la alquimia que convierte pensamiento y tiempo en capital, los marcos de soberanía digital —neuroderechos, propiedad del gemelo sintético, derecho a la pausa y la lucha contra la irreversibilidad técnica— buscan garantizar que el individuo conserve la propiedad sobre sus matices más íntimos, su memoria y, sobre todo, su derecho inalienable a la inactividad.
El tiempo humano sigue siendo la última frontera de valor que no puede ser completamente expropiada. Bienvenidos al humanismo digital.

Gracias infinitas a Ana María Ochoa Patiño por conducir el debate “Ética de IA y Gobernanza de Tecnología”; ha sido un honor participar junto a Waydell D. Carvalho y Jesús Carroll. Un encuentro estupendo y oportuno.



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