Cuando Santiago Ramón y Cajal renunció voluntariamente a parte de su salario de funcionario —de 10.000 a 6.000 pesetas— por empatía con el «campesino contribuyente», no imaginaba que ese gesto inspiraría, más de un siglo después, una nueva filosofía del control público. Antonio Arias Rodríguez, doctor por la Universidad de Salamanca y ex Síndico de Cuentas del Principado de Asturias, ha convertido esa anécdota en programa: el auditor del siglo XXI debe ser, en sus propias palabras, un «fabricante de honradez».

Antonio Arias en el VII Congreso de Control Público en Granada, marzo de 2026

Grafito, diamante y grafeno: los tres estados del control público

La propuesta central de Arias —desarrollada en su blog fiscalizacion.es y presentada en el VII Congreso Internacional de Control Público celebrado en Granada en marzo de 2026— toma prestada una metáfora de la química. El carbono puede adoptar formas radicalmente distintas según cómo se organicen sus átomos: grafito, diamante o grafeno. Lo mismo ocurre con la auditoría.

El modelo grafito representa la auditoría tradicional: detecta el error, señala la irregularidad, pero carece de fuerza transformadora. El modelo diamante avanza hacia datos pulidos y resultados valiosos. Pero la aspiración máxima es el modelo grafeno: una auditoría predictiva, transparente y resistente que vincula a la ciudadanía con los resultados reales de la gestión pública.

Esta arquitectura conceptual fue presentada por el Dr. Sebastião Helvecio Ramos de Castro, Vicepresidente del Instituto Rui Barbosa (IRB) de Brasil y codirector del Congreso, cuya primera diapositiva estuvo dedicada —como en años anteriores— a Santiago Ramón y Cajal. Helvecio ha sistematizado la propuesta en una fórmula:

$$2,Ci + (C \cdot Si) + Nt = \text{Grafeno}$$

Donde Ci es la participación ciudadana, C·Si es la inteligencia híbrida (carbono humano y silicio digital) y Nt son los estándares técnicos internacionales.

De izquierda a derecha: Norman Heckh (Ramón y Cajal Abogados), Ricardo Rivero (USAL), JR Chaves, Ana Caro (UAM) y Antonio Arias, en la III Jornada sobre Derecho Digital, Madrid, 2026

Cajal seduce a los auditores norteamericanos

El eco del legado de Cajal ha llegado al otro lado del Atlántico. En abril de 2026, la GAO estadounidense —la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno norteamericano— publicó su segundo informe periódico sobre tecnologías emergentes, identificando los implantes neuronales como una de las tres tendencias que el Congreso de los EE.UU. debe vigilar en la próxima década.

Los implantes neuronales para el aumento cognitivo permitirían la comunicación directa entre cerebros, el aprendizaje acelerado y el control manos libres de dispositivos digitales. Pero también comprometerían la privacidad mental y la autonomía individual. Es exactamente el terreno de los neuroderechos: el nuevo derecho fundamental que la UNESCO, Chile y la Unión Europea comienzan a legislar para proteger lo que el propio Cajal llamaría el último santuario del ser humano.

Arias participó en la III Jornada sobre Derecho Digital organizada por el despacho Ramón y Cajal Abogados en Madrid, donde se debatieron los marcos jurídicos para proteger los datos neuronales, la privacidad mental y los sesgos algorítmicos. Una ironía de la historia: la firma que lleva el nombre del Nobel debatiendo los derechos que su ciencia hizo necesarios.

Sede de Ramón y Cajal Abogados, Madrid

La paradoja de Jevons y el auditor del algoritmo

En su artículo «Expectativas, tecnologías y la paradoja de Jevons», Arias aplica al sector público una observación del economista victoriano William Stanley Jevons: cuando la eficiencia de una tecnología aumenta, su consumo no disminuye sino que crece. Lo que en el siglo XIX ocurrió con el carbón ocurre hoy con los datos: cuanto más invertimos en digitalización, más procesos nuevos aparecen y más presupuesto se evapora.

El auditor moderno ya no puede limitarse a revisar facturas. Debe auditar algoritmos, verificar que los sistemas automatizados de toma de decisiones no discriminan, y garantizar que la IA al servicio del Estado respeta los derechos fundamentales. Es lo que Arias llama el eje del silicio: la lupa que permite ver desviaciones masivas en tiempo real. Pero sin el eje del carbono —la ética, la empatía, el juicio humano que Cajal encarnó— ese silicio es irrelevante.

Sebastião Helvecio y Antonio Arias en el VII Congreso de Control Público, Granada, 2026

Salamanca, 16 de abril: el encuentro de dos legados

El próximo 16 de abril, en la Sala Menor del Palacio de Congresos de Salamanca, el III Salamanca por Cajal: Arte, Ciencia y Tecnología 2026 reunirá a investigadores, juristas y tecnólogos para debatir precisamente estas cuestiones. La sesión «Cajal de la IA a los neuroderechos» —moderada por José Francisco Adserias con Ricardo Rivero y Rosario Arévalo— conecta directamente con el trabajo de Arias: ¿cómo protegemos la mente humana en la era de las neurotecnologías? ¿Qué papel corresponde al derecho, a la auditoría y a la ética pública?

La respuesta, según Arias, la dio Cajal hace más de un siglo: «La honradez es la única aristocracia». El auditor que interioriza esa máxima no necesita ningún algoritmo para saber qué debe hacer.

youtube:zKVUyPXj5Gc


Fuentes: fiscalizacion.es · GAO, Science and Tech Spotlight (2026) · Instituto Rui Barbosa · III Jornada Derecho Digital, Ramón y Cajal Abogados